El más reciente Security Report 2025 de ESET pone en evidencia un panorama preocupante para la ciberseguridad en Latinoamérica. El estudio, que recoge la opinión de más de tres mil profesionales de tecnología y seguridad de 15 países, muestra que el 27 % de las organizaciones admitió haber sufrido un ciberataque en el último año.
Sin embargo, un 32 % reconoce que ni siquiera tiene la visibilidad suficiente para saber si ha sido víctima, lo que sugiere que la cifra real de incidentes podría ser mucho mayor.
Los ataques no solo comprometen la información: uno de cada cinco incidentes provoca consecuencias legales, pérdidas económicas o incluso la ruptura de contratos. Entre las amenazas más detectadas en la región destacan familias de malware como Expiro, Ramnit, Zurgop, Rozena y Rescoms, diseñadas para robar datos y tomar control de sistemas.
A esto se suman vulnerabilidades críticas en productos de Microsoft —algunas con más de una década de antigüedad— que siguen siendo explotadas por la falta de actualización y parcheo en muchas empresas.
El informe también confirma que los troyanos bancarios siguen siendo un problema persistente. Amenazas como Guildma, Mispadu, Amavaldo, Casbaneiro y Mekotio mantienen su actividad, especialmente en Brasil y México, aunque países como Perú también registran un nivel significativo de detecciones. Su objetivo: robar credenciales y acceder a las cuentas financieras de las víctimas.
En cuanto al ransomware, la estadística no es alentadora. El 22 % de las organizaciones sufrió este tipo de ataque en los últimos dos años. Aunque representa un volumen menor frente a otros malwares, su impacto es devastador. Los ciberdelincuentes están apostando cada vez más por campañas dirigidas a grandes objetivos, conocidas como “big game hunting”.
Pese a ello, solo el 85 % de las empresas realiza copias de seguridad, y menos de la mitad cuenta con medidas como cifrado de datos o sistemas DLP. La contratación de seguros contra riesgos cibernéticos es todavía una práctica minoritaria, adoptada apenas por el 27 % de las organizaciones encuestadas.
La falta de una cultura de ciberseguridad integral es evidente. El 38 % de las empresas en la región no utiliza antivirus centralizados, cifra que en países como Perú llega al 58,5 %.
Solo una de cada cuatro protege los dispositivos móviles corporativos, y menos del 20 % ha incorporado herramientas de inteligencia de amenazas para anticiparse a los ataques. A esto se suma que apenas la mitad de las compañías cuenta con planes de continuidad del negocio o recuperación ante incidentes, y el uso de pruebas de penetración (pentesting) es todavía limitado.
En el terreno de la capacitación, la situación tampoco es alentadora: menos del 60 % de las organizaciones ofrece formación periódica en seguridad digital a sus empleados, y solo un 31 % la realiza al menos una vez al año. Esto deja a la mayoría de las plantillas expuestas a técnicas de ingeniería social y phishing, que siguen siendo métodos efectivos para los ciberdelincuentes.
En definitiva, el Security Report 2025 retrata a una Latinoamérica que enfrenta amenazas cada vez más sofisticadas sin una preparación proporcional. Para Caracas y el resto de la región, el mensaje es claro: invertir en visibilidad, prevención y cultura de ciberseguridad ya no es una opción, sino una necesidad urgente.